Dios es porcelana viva – Epílogo

La flor se abre. Valeria escapa como un vilano enamorado. Se acerca callada a una ventana, una que acaba de cerrar en su interior, y grita con todo su corazón, tan segura de que no llorará luego, mientras el silencio se inunda de sollozos:

-Abuelo, güelito, te quiero.

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