llegarse a buda

El campo un prado fresquísimo para él. Árboles y manzanas nacidas en los árboles pequeñas a lo lejos. Huerta veraz en la ladera. Y las nubes rompiendo sobre las cimas acantiladas de las montañas no muy lejos. Los pájaros como los delfines. El sol como el sol.

Mario pone una cerca pequeña que lo rodee con las herramientas necesarias cargadas sobre el hombro. Mario ha pintado la casa un poco a su aire. Bonita para él. Mario plantó las matas de fresas y recoge fresas para disfrutar bebiendo su pulpa en batidos.

Ella no se fue con él cuando él vino a vivir. Ella habita en la orilla de las ciudades un poco a la manera de los demás. Se dirige según la luz de los semáforos. Tampoco le echa de menos.

La cerca está casi puesta porque queda preciosa y la puede saltar hasta el pobre Mario tan cojo como anda. Equilibrándose a saltitos. Es blanca pero nadie recordará su color porque es preciosa y da lo mismo el color de la pintura. Se recordará mejor la valla bonita sumergida en las fragancias exóticas del campo. Los animales sueltos. Todos. Lo saben. Pasan sin ningún cuidado a través de los travesaños o rascan el lomo. Los que tienen lomo. Con mucha naturalidad sobre la hierba en la que Mario sembró la valla.

Jamón con pera para desayunar. Leche y fresas en batidos a cualquier momento del día. Manzanas y tomate y guisantes verdes por las tardes. Cada manjar recogido en la estación, como las primas que llegan al pueblo de veraneo. Comida sin plato y bebida en cuencos de arcilla viva cocida para amabilizar el beso.

Tratos muchos con sigo mismo y de vez en cuando con alguien que se acerca bienvenido para que lo sienta. Poca voz amable y viva que no repite. Tragos generosos de saliva combinada con bocados de viento y aromas de sazón.

El sexo en todos los momentos con ella. Lomo de ardilla. Mirada profunda de horizonte. Sexo de tierra húmeda. Carne de luz brillando y horneando la piel de Mario de tronco de árbol viejo y vivo.

Mario ha dorado su inteligencia adorada a la luz llovida de la luna. Pero sin hablar con la luna. Conversaciones solipsistas con su inteligencia de mutuo acuerdo. Y los momentos más íntimos. Grabados sobre papel de impresora. Recorren a su modo velocidad de la luz a gentes de futuro que no le conocerán por leer lo escrito. Deseando contagiar para que lean lo leído de Mario.

Una obsesión como ser todo a la vez pero la mejor manera de morir.

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