mi nena

Hoy voy a escribir un sueño.En él sentía bajo mi piel, en lugar del corazón, un pequeño trozo de carne viva al que buscaba la forma a palpas con mi mano. Estaba ansiosamente embarazado. Recorría hundiendo los dedos en mi pecho la forma viva que intuía como un verdadero ciego y la quería mucho ya, con mucha ternura y desbordado por un inefable sentimiento de orgullo y por una alegría absoluta, cálida, una risa interior que me hacía más feliz de lo que nunca había sido en mi vida hasta ese momento.La criatura se movía viva. Viva. Incrédulo todavía al pensar que vivía dentro de mí y por mí la abrazaba con la yema de mis dedos cada vez más ansioso porque nada pasase y llegase el momento del parto. Nadie debía quitármela, privarme de ese pequeño ser en mi interior, de esa pequeña república independiente de mí mismo, autarquía en amor. Eligió bien el camino y notaba como su cabeza giraba para orientarse hacia el centro del mundo, supe que nacería.

Nació pequeña y a mí me parecía la criatura más hermosa que jamás hubiese visto, sujeto a mi revelación, admirado, tan extrañamente feliz en cada nuevo instante. No supe por donde había nacido, lo hizo sin dejar huella, sin parto, a lo dios. Era una niña locura mía, locura feliz y absoluta mucho más allá que la locura heroína o que tantas locuras bellas pero asesinas. Se movía adorada entre mis brazos con esa tierna torpeza que proclamaba que ya no éramos uno solo, si es que alguna vez lo habíamos sido y que me hacía llorar de tanta dicha.

Era tan menudita y calmada y sus ojos me iluminaban, todos sus gestos hacían blanco en mí asesinándome por un instante para sentirme renacer en otra vida aún mejor. Mi hija me había dado a luz, mi hija me criaba con sus risas y aulliditos, sus balbuceos y sus primeras palabras, mi hija me protegía jugueteando sobre mi regazo.

Entonces, completamente henchido de amor maternal, felicidad de madre, me desperté.

a Neli, a Tinín y Mónica, y a Bernardo y Tania, por supuesto.

2 comentarios sobre “mi nena

  1. Literalmente: Las cábalas sobre lo que las mujeres sienten al tener a su hijo dentro son tan ambiguas y alejadas de la experiencia real, que por mucho que reflexionemos los hombres sobre ello, jamás podremos entenderlo.

    Reflexivamente: Para vencer esa carencia, debemos intentar “parir” otro tipo de cosas que nos llenen y nos realicen. Seguramente no consigamos acercarnos a ese momento, pero quizá son sirva como una morfina temporal a nuestro ego visceral.

  2. Biológicamente, embarazo y parto nos pertenecen a las mujeres, pero no son una, ni dos, sino tres, las personas que participan de éstos.
    La mujer da cabida a esta nueva vida, pero la protección, el amor y el privilegio de la creación son parte inherente tanto de hombres, como de mujeres.
    Es un orgullo y una gran satisfacción, saber que somos nosotros, hombres y mujeres, quienes tenemos el poder de crear vida juntos.

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